Se trata de una exploración a través de la obra que tiene como hilo conductor el rostro y el cuerpo, pero que ofrece a los espectadores el alma misma de la creación, para compartirla y descubrir con él la transformación de los materiales en lienzos, en imágenes, en texturas, en sentimientos, de los cuales a manera de pistas y esbozos de estados de ánimo incitan al espectador a revelarlos y lograr una síntesis.
Para Luis Granda el rostro es la huella que nos distingue de los demás, lo que nos identifica con toda su expresión y apariencia, incluso por un pequeño trazo; mientras que el cuerpo desnudo nos habla de sus acciones, nos dice qué hace el individuo, con la interminable posibilidad de movimientos intemporales. Pero en su obra también están los cuerpos temporales con una segunda piel, los ropajes, que nos remontan a modas, a épocas, oficios, lugares y actividades por medio de vestimentas, accesorios, instrumentos, vehículos, de los cuales él se vale para indicar, para hacer metáforas, para mostrar símbolos.
Así, nos toparemos con un conjunto de rostros y cuerpos con identidades, coincidencias, circunstancias, historias y emociones que se manifiestan para ser reconocidos aunque no de manera franca, en donde por medio de pistas o insinuaciones -que el artista coloca incluso como títulos- provoca al observador a seguir por un laberinto o un camino sinuoso de texturas y mixturas para descubrirlos.
Magnífica por la fuerza y libertad en el manejo de colores y materiales que definen su trabajo, la obra del maestro Luis Granda ha logrado apuntalarse en la presencia artística de México y forma parte ya de grandes colecciones públicas y privadas de México y del mundo, como el Museo de Arte Moderno de México, la Colección de Arte Contemporáneo Fundación “La Caixa” de Barcelona, o el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) entre otras.
FUENTE: comunicacionsocial.gob.mx












