En el teatro del Complejo Cultural Universitario, el cineasta Alfonso Aráu en una plática muy amena con los asistentes, muchos de ellos estudiantes de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la BUAP, compartió su experiencia y algunas anécdotas de su carrera como actor y director de cine. Comentó que una de sus inspiraciones es el pueblo mexicano, al que considera una maravilla.
En cuanto a la manera de realizar adaptaciones de libros para la pantalla grande, después de que su adaptación de “Como Agua Para Chocolate” fuera alabada por uno de los asistentes, señaló que el secreto está en que los directores de cine regularmente son arrogantes y cuando toman un libro para adaptarlo, normalmente lo que quieren lograr es “su película”, algo que refleje su sello personal. La clave está en trabajar para el libro, no para uno mismo. Eso fue lo que él hizo en el caso de “Como Agua Para Chocolate”, y al parecer funcionó muy bien, además de que, según explicó, ese libro desde que se estaba escribiendo, ya estaba pensado para llegar a la pantalla.
Dos aspectos que influyen en el éxito de una película son, por un lado que sea local, que retrate el misticismo de un lugar, esto le da la textura para que guste en el mundo. Por otro lado la universalidad, tratar temas con los que se pueda identificar cualquiera.
Se le cuestionó también sobre cómo se pueden mezclar dos culturas en una cinta, hablando de “Un Paseo por las Nubes”, a lo que contestó que lo que hizo no fue mezclar, sino confrontar las dos culturas, solo que de una manera no tradicional: en esta historia es el personaje estadounidense el que tiene que "ganarse" a la familia mexicana de su novia. Al fin de cuentas la industria cinematográfica trata de confrontaciones, enemigos, rivales en las historias de amor, antagonistas.
Sobre su experiencia en el mundo del cine, Alfonso Aráu comentó que lo que más le gusta es la actuación, es una diversión tremenda y los actores reciben muy buen trato. En cuanto a la dirección, es una gran responsabilidad, pues todas las decisiones del director quedan para toda la vida en el filme. Señaló que uno no debe dirigir una película a menos que tenga algo muy importante que decir. En una cinta “el actor se lleva la fama (y a la muchacha), el productor se lleva la lana, y el director se lleva la friega”.
Con respecto al financiamiento, comentó que es un problema real al que se enfrentan los que quieren dedicarse al cine en México. El verdadero cineasta debe ser artista y empresario al mismo tiempo, es por eso que se debe tener una visión emprendedora, e invitó a los presentes a acercarse a CICE y Canacine, para obtener los conocimientos necesarios para llevar a cabo una idea de negocio
Alfonso Aráu estudió arte dramático, que incluía escribir, dirigir y actuar; su inspiración la encontró en los cómicos ingleses, su favorito: Charles Chaplin.












