El oro ensortijado. Poesía viva de México, resulta ser un buen CD para penetrar en la obra de los poetas referenciados. En esta recopilación podemos encontrar desde los clásicos contemporáneos de la poesía mexicana como: Alí Chumacero, Rubén Bonifaz Nuño, Segovia, Elizalde, Bañuelos, Zaid, los que van marcando en su poesía una prosa sencilla, sobria, simbólica e inteligente como Mario Calderón, los que hacen del humor mordaz una característica importante como Héctor Carreto hasta la frescura sintáctica de Alí Calderón, Jair Cortés, Álvaro Solís entre muchos otros. Esta selección poética reúne a siete generaciones de autores con sus variantes estilísticas, sintácticas y pasionales que reflejan en los poemas ahí referenciados. Y es que cada autor establece realidades diversas que no necesariamente están vinculadas entre sí, cada uno elige las palabras exactas para proyectar los diferentes estados de ánimo o filosofías que envuelven al hombre. Saben que cada frase que compone su texto, lleva un ritmo especial, una intensión y una métrica que sólo quien trabaja con las palabras, como lo hacen ellos, puede identificar.
En lo particular siempre he admirado a los poetas, considero que son seres con un don especial. Cuando me topo con un poema (como varios de los que me encontré en esta compilación) me es un tanto difícil valorar su contenido pues por el simple hecho de tener un manejo especial de la palabra considero que ya tienen una gran valía, no obstante hay textos que de inmediato saben engancharnos quizás porque tocan con mayor facilidad el sentimiento que traemos a flor de piel, cualquiera que éste sea. Por ello decimos “ese poema es muy bueno” o “no me gusto”, nuestras opiniones pueden ser subjetivas y variadas como la poesía misma depende quizás de las pasiones que llegue a desencadenar el texto.

Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica
primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra
luego de pronto todos juntos
hundiéndose en tu gruta marina
chorro de besos sordos entrando hasta tu fondo
perdiéndose como un chorro en el mar
en tu boca oceánica de oleaje caliente…
(Tomas Segovia)





